viernes, 12 de octubre de 2012

Hasta La Providencia.

Normalmente, cuando voy a Gijón, me doy un paseo hasta el Rinconín. Me gusta al ser una zona con mucho ambiente, con sus puestos de helados, terrazas de bares, numerosas esculturas. Pero sobre todo, me gusta por el ruido del oleaje al romper contra las rocas.

Vistas del Recorrido desde el Cerro de Santa Catalina.

Sin embargo, un día de este verano decidí seguir un poco más allá, iniciando una de las "Sendas Verdes" de Gijón. La senda a la que me refiero recorre prácticamente toda la costa oriental del concejo de Gijón, hasta llegar al límite con Villaviciosa en la plaña de la Ñora.
En este caso, el recorrido que hice, por falta de tiempo y de preparación, fue desde la Lloca hasta La Providencia. Además de estas dos, las esculturas que se encuentran a lo largo del camino son numerosas, con mejor o peor gusto según el artista. Sinceramente, salvo en contadas ocasiones, no fotografío las esculturas o monumentos modernos, así que para verlos, mucho mejor ir hasta allí.



En cambio, sí me gusta fotografiar los paisajes de cualquier tipo. Y aquí se encuentran algunos de los más espectaculares acantilados del Concejo.

Playa de Peñarrubia.

Y bajo estos acantilados, una playa de grandes dimensiones con su pedreru, la de Peñarrubia. Justo encima de la misma playa se sitúa el parque Joaquín Rubio Camín con su "naufragio en tierra", donde recomiendo hacer una pequeña parada antes de seguir.

Parque de Joaquín Rubio Camín.

 Desde este parque ya queda muy poco, pero posiblemente el peor tramo de subida. Por suerte, ya desde el inicio de la subida el ambiente a "parque" es manifiesto, lo cual nos anima mucho para llegar hasta el final. Y al terminar la subida, una gran pradera nos da la bienvenida. Pero gracias a eso, el campo de visión es enorme, desde Gijón y el camino que dejamos atrás, hasta la continuación del 
sendero con sus acantilados que siguen y siguen hasta Villaviciosa.




Hace tiempo fuimos hasta allí en coche. Al seguir la senda verde se pueden tener mejores vistas de los acantilados a los que me refiero (aunque no sea una gran fotografía). 



Y de regalo, uno de los pajarillos que se dejaban ver por allí. Creo que se trata de una jovenzuela  tarabilla común.





domingo, 7 de octubre de 2012

"aSaltacasas"

No siempre es necesario salir al campo para ver a las saltacercas (Lasiommata megera). Y tras una serie fotográfica rápida, de nuevo en libertad.





miércoles, 3 de octubre de 2012

Posibles futuros pacientes.

Las personas que me conocen directamente, o que son seguidores de este blog desde hace un tiempo, sabrán a qué me quiero dedicar en un futuro (si se puede y me dejan).
 



Ser veterinario es vocacional, se lleva en la sangre, y aunque estemos de vacaciones, no se olvida. Así que en mis salidas, además de fotografiar a los animales salvajes también me detengo ante los animales de "granja", y si el fondo acompaña, hacer unas cuantas fotografías. Y tras las fotografías, uno se hace algunas preguntas como qué raza será (para no caiga en el olvido la etnología y para que los ganaderos no se rían de nosotros al no diferenciar una "churra de una merina"), y posteriormente, buscarles alguna que otra enfermedad (aunque en realidad estén sanas sanísimas).




En Asturias, de donde son todas estas fotografías, no es nada difícil poder ver vacas con sus toros, yeguas con sus potros, gallinas, alguna ovejilla, bien en algún prado cercado, o bien en la montaña prácticamente libres.
Pero tampoco es complicado ver a gente que se dedica a molestar a los animales, o que incluso ponen en peligro su propia integridad física y la de los animales para hacerse "una fotografía con la vaquita asturiana, ya verás cuando se la enseñe a mi mami y la ponga en el Facebook".



No hay que olvidar una cosa muy sencilla: el respeto (que no miedo) que se debe tener hacia estos animales, normalmente mansos, pero también impredecibles. Como nos pasó con esta yegua, que sin ser molestada en ningún momento, nos siguió durante un buen trecho del sendero hasta conseguir echarnos del mismo.



Por último, y aunque en este caso se trate de un caballo en la ría de Villaviciosa, no debemos olvidar, generaciones presente y futura, que la labor de estos animales en el control de incendios es superior de lo que pensamos. Tal vez tendremos que echar un ojo al pasado para intentar solucionar los problemas del futuro.