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sábado, 5 de julio de 2014

Castillo de la Muela, Consuegra.

En esta entrada continuamos con dos líneas, por un lado con las fortalezas medievales que ya presentamos en la anterior, además de con aquella salida por La Mancha que realizamos hace ya casi dos meses (para quien la quiera recordar, pueden pinchar AQUÍ).
Viajamos a Consuegra, en la provincia de Toledo limitando con Ciudad Real, donde se encuentra un castillo acompañado por numerosos molinos de viento, conformando una de las imágenes más típicas de La Mancha, y por qué no decirlo, también de toda la comunidad autónoma en general. En realidad es un lugar fácilmente divisable desde la autovía A-4, especialmente por la noche cuando todo el conjunto está iluminado. En cambio, hasta este momento no habíamos decidido parar por allí.


Tanto castillo como molinos se asientan en lo alto del cerro Calderico, posición estratégica donde las haya ya que permite controlar las llanuras manchegas que se extienden al norte y al este, mientras que al sur y al oeste se encuentran las estribaciones de los Montes de Toledo.



Con esta posición, no es de extrañar que a lo largo de la historia hayan existido diferentes construcciones defensivas, incluso romanas aunque este punto no está claro en la actualidad. En cualquier caso, es ya en el siglo X cuando se empezó a construir el actual castillo de la Muela, con el objetivo de defender la capital del Califato de Córdoba. 



Así, aunque el castillo presente un origen musulmán, la construcción del mismo continúe durante varios siglos, debiéndose su aspecto actual a la Orden de San Juan de Jerusalén cuando lo tomaron en posesión ya en el siglo XIII.

Escudo superior, de Don Juan José de Astria, prior de la Orden durante el siglo XVIII.

Durante estos años fue lugar de disputa entre cristianos y musulmanes. En cambio, la primera vez que pasó a manos de los primeros no fue debido a batalla alguna.  Para ello, hay que remontarnos un poco a la historia del siglo XI, con la llegada de los almorávides a petición de los diferentes reyes de taifas tras la toma de Toledo por parte de Alfonso VI de León, de Galicia y de Castilla. En las primeras incursiones, este pueblo del norte de África sí ayudaron a los reyes de taifa, volviendo a África poco después. Sin embargo, en un posterior requerimiento de los reyes de Taifas, también se enfrentaría a ellos para unificar las taifas en un único reino.



Ante la inminente conquista, el rey de la taifa de Sevilla y Alfonso VI llegan a un acuerdo matrimonial, casándose este último con la princesa musulmana Zaida (la cual se convertiría al cristianismo tomando el nombre de Isabel). Esto le valió un castillo a Alfonso VI como dote matrimonial, el de Consuegra. En este punto hay que hacer un inciso, ya que es esto lo que parecido que ocurrido, pero las crónicas que nos han llegado hasta nuestros días son un tanto contradictorias.



Los almorávides tomaron las diferentes Taifas, incluida la de Sevilla y continuaron hacia el norte. Así, en el verano de 1097 se produce la batalla de Consuegra, una de las más importantes entre los ejércitos del rey Alfonso VI y del emir Yusuf ibn Tashfin. Es el rey cristiano el que decido presentar batalla en las inmediaciones de Consuegra, pero debido a que contaba con pocos efectivos decide pedir ayuda a Rodrigo Díaz de Vivar. Éste último, tras sus exitosas batallas, decide enviar a su hijo heredero Diego Rodríguez, y posteriormente al caballero Alvar Fáñez, aunque la caballería de este último no llegaría completa debido a una emboscada que sufría antes de llegar, en Cuenca.



Al fin, se presentó la batalla, donde ambos ejércitos sufrieron grandes pérdidas, especialmente el cristiano, el cual tuvo que replegarse primero al pueblo y posteriormente al castillo. Sin embargo, murió Diego Rodríguez, único hijo de El Cid.



El ejército de Alfonso VI resistió a 8 días de asedio, pero finalmente los almorávides lo levantaron, especialmente ante el temor de la llegada de refuerzos para ayudar al rey. Pese a la batalla presentada y que los cristianos lograran mantenerlo, pocos años después lo perderían.



En medio siglo la situación permaneció igual para este castillo, hasta que Alfonso VII (nieto de Alfonso VI) lo conquista en el año 1155, aunque de nuevo se perdería. Finalmente, lo toma la Orden de San Juan de Jerusalén, en 1183.
Como ya mencioné anteriormente, fue esta orden la encargada de otorgarle nuevas murallas, torres y las diferentes dependencias de las que consta en la actualidad, entre ellas la capilla.





Sin embargo, este castillo fue perdiendo importancia a lo largo de los siglos, historia que ya hemos visto en otras fortalezas. Y como en otras, también fue destruido durante la Guerra de Independencia, en el siglo XIX por parte de los franceses, e igualmente, también sufrió la desamortización de Mendizábal. Es a mediados del siglo XX cuando comienza la restauración del mismo, la cual dura hasta nuestros días.
Es en este último periodo cuando también se restauran los 12 molinos que hay a su alrededor. Son estos molinos los que hacen único a este cerro, con las construcción militar y la arquitectura tradicional de La Mancha compartiendo entorno. 



De los molinos poco puedo contar. En cambio, si alguien quiere aprender sobre su funcionamiento se puede visitar uno de ellos, viendo todo el mecanismo. Pero sí os mostraré varias de las fotografías que hicimos, una pequeña muestra de todas las que tengo ya que son demasiado fotogénicos.








sábado, 21 de junio de 2014

De castillos por Castilla-La Mancha.

En una excursión reciente que realizamos por la Sierra Norte de Guadalajara nos preguntábamos que nexo de unión podrían tener los vecino de, por ejemplo Tamajón (Guadalajara) con los de Consuegra (Toledo) para sentirse identificados como una única comunidad. Después esta misma idea la extrapolamos a las dos provincias mencionadas y seguíamos sin verlo claro. Cuando llegué a casa lo entendí a medias o eso creo salvo que alguien me corrija: ese nexo lo compone su historia desde la Edad Media con una Taifa de Toledo cuyos límites son similares a los de la actual Castilla-La Mancha, y desde entonces hasta ahora.
Fruto de esa historia compartida tenemos los numerosos castillos, fortalezas y otras construcciones defensivas que siembran gran parte de su territorio. Una muestra pueden ser los cinco castillos que aquí os mostraré, los cuales hemos ido visitando en los últimos meses como parte principal de nuestras salidas o simplemente aprovechando nuestro paso por allí al ir o volver de otras excursiones más largas. En ninguno de ellos tuvimos la posibilidad real de entrar, pero eso no quita que sean igualmente impresionantes y que en un futuro no podamos dejar de visitarlos.



Empezamos con aquellos dos de Guadalajara, de La Alcarria exactamente, comarca con numerosos castillos y palacios. A uno de los pueblos fuimos allá, por finales de febrero en un día nublado, ventoso y al final, lluvioso. Se trata de Torija, cuyo castillo se ve parcialmente desde la autovía A-2, por la cual he pasado muy habitualmente y aun así nunca he parado en este pueblo.



El origen del castillo de Torija se remonta al siglo XI, tras la conquista de estas tierras por parte del ejército católico. Los Caballeros Templarios se encargaron de defender el valle en el que se asienta Torija, para lo cual levantaron una primera atalaya.
Posteriormente fue cambiando de manos, hasta que finalmente en el siglo XV fue conquistada por los navarros y posteriormente reconquistado por los castellanos gracias a la familia Mendoza, en cuyo poder permanecería. A ellos debemos su actual planta, que data del mismo siglo XV, aunque igualmente importantes fueron su destrucción durante la Guerra de Independencia (siglo XIX) y su posterior reconstrucción a mediados del siglo XX.



Sin lugar a dudas, y desde mi punto de vista, es uno de los castillos más bonitos de la zona, al menos entre los que he visitado, ya que al igual que en otras construcciones de la época se trataba tanto de un lugar defensivo como de residencia.De planta cuadrada, presenta tres torres cilíndricas en tres de sus vértices además de torres de menor tamaño en la parte central de sus lienzos. En el cuarto vértice se encuentra la torre de homenaje, en cuyos vértices también encontramos torres cilíndricas y otras más pequeñas a mitad de sus muros de sillarejo de piedra de color claro.



Todo ello, junto a las cuidadas y bonitas almenas le confieren ese toque tan idílico que tenemos de la Edad Media.



El castillo se sitúa en una de las dos plazas porticadas con las que cuenta Torija, la Plaza de la Villa. De estilo castellano, todas sus casas presentan soportales planos, y en su centro la fuente. Además, desde allí también observamos la torre del campanario de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, de construcción más tardía que el propio castillo.



También estaba ligado a los Mendoza el Castillo de Jadraque o de Cid. Rodrigo Díaz de Vivar y Mendoza, I Conde del Cid y I Marqués de Canete, hijo primogénito de Pedro González de Mendoza (Gran Cardenal de España), es el hombre al que hace referencia este castillo y no el héroe medieval Rodrígo Díaz de Vivar el Campeador.



Situado en los alto de un cerro vigila tanto Jadraque como gran parte del valle que forma el curso medio del río Henares, además de la Sierra Norte de Guadalajara e incluso se avista el cerro en el que se asienta Hita. Además, a sus pies se encuentra el mismo pueblo de Jadraque.



Con esta posición estratégica, no es raro que en un principio hubiera una pequeña fortaleza de origen medieval. Sin embargo, fue el Gran Cardenal de España, el que, a finales del siglo XV, construyera el actual castillo de Jadraque. Posteriormente se lo legó a su hijo Rodrigo Díaz de Vivar y Mendoza, durante cuya vista vivió su época de esplendor, época que terminó con la muerte del mismo.
Eso sí, el estilo es mucho más sencillo que el de Torija, con planta cuadrangular  varias torres cilíndricas o cuadradas, las cuales apenas sobrepasan la altura de los lienzos. Y aunque actualmente no cuenta con torre de homenaje parece que sí contó con ella en el pasado.



Curiosamente, este castillo pasó a formar parte de las propiedades de la familia Mendoza debido a que el Cardenal intercambió el castillo de Maqueda por el de Jadraque.
Y en el castillo de Maqueda o de la Vela estuvimos al día siguiente. En este caso se encuadraba dentro de una excursión más larga que realizamos por la comarca de Torrijos, en la cual visitamos diferentes lugares como las Barrancas de Castrejón y Calaña, o la iglesia de Santa María de Melque.



La historia de este castillo se remonta al siglo X, cuando Almanzor mando mejorar una fortaleza preexistente. Durante la reconquista pasó a manos de Alfonso VI de Castilla y a partir de entonces tuvo diferentes propietarios, entre ellos la Orden de Calatrava, don Álvaro de Luna, o el mencionado Cardenal Mendoza. Éste último lo cambio con Alonso Carrillo de Acuña, Arzobispo de Toledo, por otras posesiones entre las que se encontraba el Castillo de Jadraque.



Finalmente, en propiedad de Gutierrez de Cárdenas, Comendador Mayor de León y contador del reino, se reconstruyó tomando la forma actual en lo que a sus exterior se refiere. De planta rectangular, en tres de sus vértices presentan torres, además de otras dos en los lados más largos. Estas dos torres laterales suponen la separación de los dos niveles distintos sobre los que se construye todo el castillo.
El toque más bello se lo otorgan las almenas además de su puerta principal protegida por un matacán y con el escudo de la familia coronándola.



Muy cerca de allí, a orillas del río Alberche, nos encontramos el castillo-palacio de Escalona, el cual está en ruinas, aunque sus imponentes restos nos indican la importancia que tuvo en su época.
Aunque como en otros muchos casos, su origen es anterior, pareciendo que incluso se remonta a la época romana. Posteriormente hubo una construcción defensiva musulmana que fue tomada por Alfonso VI durante la Reconquista. Y al igual que en otros castillos, tuvo diferentes propietarios, dos de ellos de gran importancia en nuestra historia y en la del castillo-palacio.



El primero de ellos es Don Juan Manuel, el cual nació allí en 1282. Él fue el encargado de reconstruir el castillo durante su señoría de Escalona, otorgándole la muralla exterior con sus torres albarrana de estilo mudéjar.



Ya en el siglo XV nos encontramos de nuevo con Don Álvaro de Luna, uno de los hombres más poderosos al ser Condestable de Castilla, Gran Maestre de Santiago y valido del rey Juan II de Castilla, hasta su caída en desgracia. En cambio, a él debemos la construcción de un palacio en el interior del castillo de Escalona, otorgándole grandeza y poder.



Hasta aquí hemos llegado en nuestro repaso por varios castillos situados tanto en Guadalajara como en Toledo. Pero desde luego, estos no son los únicos, seguramente tampoco lo más importantes ni más bonitos que se puedan visitar en estas provincias, y mucho menos en toda la Comunidad Autónoma de Castilla-La Mancha.




jueves, 29 de mayo de 2014

En La Mancha, del humedal al monte mediterráneo.

A principios de mayo decidimos hacer otra de nuestras quedadas con Carlos Rossi en Castilla-La Mancha. Y como en las otras ocasiones, el día comenzó en una laguna de las inmediaciones de Daimiel. Fuimos en viernes, por lo que aquello estaba mucho más tranquilo que en fin de semana y la cantidad de diferentes aves se percibía desde el primer instante.
Sin ninguna duda, las más fáciles de ver por su tamaño y por su número fueron los flamencos comunes. Los adultos eran numerosos, mostrando a sus congéneres y a nosotros mismos sus colores rosas del ala, tan llamativos para todos. De esta especie puedo decir que conozco más bien poco de su etología, pero yo diría que el comportamiento de las fotografías corresponde al cortejo.




Y si eran ya de por sí no eran pocos, mientras mirábamos a otras especies de aves, llego otro bando bastante numerosos de flamencos. Además, se dirigieron hacia aquella zona que ya ocupaban otros flamencos, de forma que ver a un grupo bastante numeroso fue todo un placer.





En nuestro recorrido los llegamos a ver desde más cerca, mientras comían o se acicalaban. Gracias a algunas fotografías que hicimos tanto Carlos como yo vimos varias anillas, como por ejemplo en el caso de uno que lleva una anilla de PVC amarillo (o quizá naranja ya que la sombra me impide ver bien el color) en letras negras con la inscripción X|017 en la pata derecha.




Pero el caso es que no había sólo flamencos, como se puede ver en alguna de las fotos. Por ejemplo, en una de ellas se ve a una pareja de malvasías cabeciblancas, pero en realidad éstas también son relativamente numerosas por allí, formándose bastantes parejas. Ojalá saquen adelante a muchos patitos para que posteriormente colonicen nuevos humedales.


Malvasías cabeciblancas macho (tres) y hembra (una).

Y otro pato que lo está pasando bastante mal es el porrón pardo, aunque en este caso sólo observamos a un individuo fue todo un placer. Además, vimos a un híbrido de porrón europeo x porrón pardo, en el cual me fijé desde el principio debido a los ojos amarillos que tiene. Hay que recordar que los del porrón europeo son rojos mientras que los del porrón pardo son prácticamente blancos. Además, el híbrido tiene cabeza, cuello y pechos más parecidos a los del pardo, mientras que el resto del cuerpo recuerda al diseño del europeo pero algo más oscuro. 

Híbrido de porrón el tercero desde el principio del tronco.

Junto al híbrido se encentraban porrones europeos, ánades reales y patos colorados. Además, por las inmediaciones se veía a algún ánade friso y a los ruidosos tarros blancos. 
También gusto mucho ver los vuelos acrobáticos de los fumareles cariblancos, tanto sobre la lámina de agua como en los campos adyacentes. Habrá que esperar al verano para ver a los juveniles reclamando comida y en sus primeros vuelos.

Fumarel cariblanco.

Y si yo iba con la idea de ver a una especie en específico, ésta era la avoceta, ya que es a mí me resulta relativamente difícil. Había al menos seis que yo recuerde, yendo de dos en dos. Realmente no sé si son parejas que criarán allí o simplemente pararon durante su viaje.
De limícolas también había varias parejas de las esbeltas, bonitas y confiadas cigüeñuelas, andarríos chicos, chorlitejos chicos, chorlitejos grandes y un chorlitejo patinegro. De los dos últimos chorlitejos, son los primeros que veo y además juntos ya que el grande estaba echando al pobre y pequeño patinegro.

Macho de cigüeñuela común.
Hembra de cigüeñuela común.

Entre los pajarillos destacan los carriceros común y tordal, los cuales no paraban de cantar. Incluso un tordal nos deleitó al salir del carrizo y cantar durante largo rato al descubierto.

Carricero tordal.

De esta forma tan amena pasamos la mañana en una de las lagunas de la Mancha Húmeda. Por la tarde teníamos pensado pararnos en un lugar de Toledo. Y como entre ambas provincias hay zonas de sierra que actúan como límite natural, decidimos cruzarlas en lugar de ir por la autovía. Para ello, elegimos la carretera que une Villarrubia de los Ojos y Urda, pasando por el Puerto de los Santos y la Sierra del Reventón, justo en la parte más oriental de los Montes de Toledo.



De fauna vimos algunas mariposas, algunas aves como arrendajos y cucos, además de varios ciervos descansando a la sombra de las encinas de una finca cinegética. Pero en este caso, al contrario que en la laguna, lo mejor era el paisaje, con la llanura manchega en el horizonte y las laderas llenas de jaras y encinas.




Además, se veían crestas cuarcíticas, típicas de los Montes de Toledo en general, como ya vimos en las entradas correspondientes a Las Villuercas. Al fin y al cabo comparten el mismo origen aunque a simple vista ambos lugares parezcan diferentes.



Y aunque desde lo alto del puerto de los Santos o de la Sierra del Reventón las vistas sean muy bonitas, con el encinar y la dehesa como coprotagonistas de las sierras...



El lugar que más me gustó fue cuando paramos junto a un arroyo, en la parte más baja del recorrido. Estábamos junto a dehesas y sus campos llenos de margaritas, con la sierra de Luenga al fondo, en mitad de ninguna parte y prácticamente solos. Rodeados de la naturaleza manchega más desconocida para el público en general.



Terminamos esa mañana visitando dos ecosistemas tan diferentes entre sí y a la vez tan cercanos, cada uno son sus cosas para mostrarnos y enseñarnos.